El producto

Nos vendemos como un producto en Internet, llenos de deseables atributos que quien sabe si nos describen; con calificativos nobiliarios de lo que somos o de lo que merecemos ser; con fotos de nuestro mejor perfil, pareciendo ser personas amigables que disfrutan la vida y disfrutan de los retos en vez de temerles; procurando parecer al mismo tiempo un buen producto y humanos en el proceso.

Lennarth Anaya

La mala costumbre

Un ciudadano se aproxima al área de comida rápida de una plaza y observa muchas mesas ocupadas. Francamente había muchas desocupadas, pero no era perceptible a primera vista por el mugrero de restos de comida y cartones que había en varias de las que estaban desocupadas.

Los plebeyos, felices de poderse jactar de que sus ahorritos les alcanzan para salir a deglutir a la calle, adornan su despotismo con una cereza final al retirarse del lugar: "Que lo levante alguien", como en los restaurantes, "pa'eso pago".

Esta inocente forma de pensar, como siempre alego hasta el aburrimiento sobre todos los comportamientos considerados inofensivos, es exponencialmente devastadora. Vamos que, cuando se les ocurre levantar, ni sus migajas pueden recoger. Lo mismo que con el carrito del super, van y lo avientan en el estacionamiento en un rinconcito donde ojalá y no estorbe mientras llega algún soldado del lugar a ordenar lo que desacomodaron, si no es que también lo avientan en el cajón de estacionamiento que esté desocupado a un lado.

Como la izquierda paternalista, "¡que alguien lo limpie!". Y así millones tenemos este hermoso planeta hecho un desmadre. Veo montones tratando por todos los medios de ser el que desordene y evitar ser el que ordene. Con o sin dinero, educando y acostumbrando generaciones de seres humanos a jamás hacer nada. Las facilidades son sanas única y exclusivamente cuando el benefactor ya posee la experiencia suficiente para valorarlas con sobriedad.

Lennarth Anaya

Montón

Insurgentes Sur #48 mil. Miles de autos amontonados en las calles, al menos una persona por auto. Masas humanas hacinadas en el metrobus, otros muchos caminando y haciendo cosas, de todo. Producimos diariamente entre todos una enorme cantidad de excremento que simplemente no nos interesa a dónde va a dar.

Lennarth Anaya

Cobardía y abandono

Se llama Héctor. Una persona muy noble de buen nivel social. Por ello, era buen blanco de las envidias de la clase baja con la que por algún motivo tuvo que mezclarse durante la secundaria. En mí había encontrado a un amigo, hasta que se lo madrearon algunas veces, "sharks smell blood", leí alguna vez. Me convertí en un engreído con tal procurar evitar padecer la enfermedad del noble inofensivo y me aparté de él.

Cuando más adulto llegué a percibir esa actitud en otras personas, me pareció más claro y fui contundente al aborrecerlo... la sangre salió de mi boca y no la saboree hasta tiempo después que me atreví a ponerme en la silla del acusado.

Mi lamentable humanidad.

Lennarth Anaya

Círculos

 Me queda tan chiquita la gente promedio, que me hiere no perder contacto con ellos.

 Lennarth Anaya

Quema de libros

Es innecesario que los tiranos de hoy quemen libros.

El adulto promedio no lee.

De los que sí leen, el adulto promedio, no entiende a profundidad.

De los que entendieron lo que leen, el adulto promedio no asimila lo que entendió, la energía de lo leído lo olvida a los 15 minutos, como cuando un niño se siente inspirado justo al terminar un sermón motivacional, y al paso de un rato vuelve al estado mental del esfuerzo mínimo.

Lennarth Anaya

Tontos

Muchos salen a hacer tonterías, pero dicen que los demás son tontos, se reconfortan un poco así.

Dios sabe que yo digo que son tontos, con pesar, no me siento bien, me repugna. Además no sirve ni para provocarlos a dejar de serlo. Si pueden demostrar que uno es tonto también, lo hacen, o hacen oífos sordos, pero no intentan comenzar a pensar.

Lennarth Anaya